HISTORIAS DE ROCK
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Los Grandes Cantantes

6- LOS GRANDES CANTANTES



Francis Albert Sinatra era sólo un niño cuando Bing Crosby empezó a triunfar como cantante y actor de cine. Se propuso superarle, tarea casi imposible teniendo en cuenta que Crosby colocó en los primeros veinte puestos de las listas casi cuatrocientas canciones a lo largo de cuarenta años de triunfos y protagonizó más de medio centenar de películas. Hoy en día cada uno de ellos tiene un lugar de honor en el mundo de la música y cada uno puede presumir de logros a los que el otro no llegó. Bing fue el primero de los cantantes populares americanos que se atrevieron a dar el salto del cómodo colchón de la nómina en una orquesta a la guerra de guerrillas como luchador solitario. Frank se encontró el camino desbrozado, pero supo ampliarlo y ofrecer mejores perspectivas de futuro a todos los que le siguieron.


LOS GRANDES CANTANTES
BING CROSBY. FRANK SINATRA. ANDREW SISTERS






Harry Lillis Crosby debe su nombre artístico a un personaje cómico de comienzos de siglo que tenía grandes orejas y se llamaba Bingo. Harry estaba dotado también de espectaculares pabellones auditivos y empezaron a apodarle Bing y con ese nombre se quedó hasta su muerte, acaecida en un campo de golf madrileño, el 14 de octubre de 1977. Tenía entonces 74 años pues había nacido en Spokane, estado de Washington, el 2 de mayo de 1903. Su carrera musical comenzó en un trío formado en los tiempos universitarios con Al Rinker y Harry Barris. Se hacían llamar The Rhythm Boys y fueron contratados por la orquesta de Paul White man en el año 26 como grupo fijo vocal.

Desde el principio Bing hizo sus pinitos también como cantante solista, pero todavía en el 29 el trío completo saltó a la big band de Gus Arnheim. Con la banda, y como vocalista principal, grabó en el 29 «I surrender dear», que fue el comienzo de una de las más largas, provechosas y espectaculares carreras del mundo de la música. Como parecía inevitable en aquellos tiempos, sus mayores influencias le venían del jazz, de la música negra en general y de la tradición del minstrel, el clásico teatro itinerante de variedades que llevaban los negros por todo el país. Louis Armstrong fue una de sus grandes influencias, pero basta con escuchar a ambos para notar la forma diferente de ambos al enfrentarse con la música.

De Bing Crosby se puede asegurar que fue el inventor de la forma de cantar música pop. Los cantantes de blues y jazz estaban tan sumergidos en su música y en su orquesta que perdían cierta personalidad en beneficio del resultado común. Además, no solían aprovechar convenientemente el micrófono para destacar su voz, porque se habían acostumbrado a ser uno más de la banda. Fue Bing Crosby el primero que supo descubrir las posibilidades del micrófono y extraerle todas sus ventajas. Se dio cuenta de que era más importante modular bien, sugerir, que gritar, porque la amplificación que le permitía el micro no hacía necesario derrochar potencia a cada instante.

Y es que sin el invento del micrófono no se concebirían cantantes de tan hermosas pero escasas voces como son la mayor parte de los cantantes pop, si se les compara con los practicantes de folclore o bel canto. Por primera vez, un cantante podía interpretar con una aparente naturalidad, suavizar la voz cuando llegaba un pasaje romántico y hasta susurrar o gemir si la tristeza del tema lo exigía. Se dice incluso que unos nodulos en las cuerdas vocales producían un efecto quejumbroso a la voz de Bing, como si cantara dentro de una palangana o barrilete. Y eso hizo que en alguna ocasión se le apodase como «The groaner» o «el quejumbroso».

Las cifras y los datos de la carrera de Bing Crosby son tan superlativos que, por ejemplo, en la relación de sus canciones de éxito nos hemos tenido que limitar a exponer los números uno que alcanzó, que llegan al medio centenar, cifra a la que nadie ha podido acercarse en toda la historia de la música. Pero es que grabó más de dos mil seiscientas canciones y la suma de sus discos ha superado los cuatrocientos millones de ejemplares. Tan sólo de «Navidades blancas» vendió más de treinta millones y durante dieciocho años consecutivos, cuando llegaba el tiempo navideño, volvía a entrar en listas y, además, en los puestos de honor. Tres veces llegó al número uno.

En el cine los datos son similares. En 1930 tiene un papelito en «King of jazz» y en el 33 es protagonista de «College humor». A partir de ahí, sesenta películas como protagonista, entre las que se pueden recordar «Navidades blancas», «Alta sociedad», en la que cantaba a dúo con Grace Kelly, la futura princesa de Mónaco, y con la que logró llegar al número tres de las listas, ya en 1956. Luego habrá que recordar la serie de películas exóticas donde tuvo a Bob Hope por compañero: «Road to Singapur» a la que siguieron «viajes» a Zanzíbar, Río de Janeiro, Marruecos, Bali y Hong Kong.

Para un hombre como Crosby, que empezó en trío vocal y destacó como solista, debe ser gratificante haber dado la oportunidad a unos Williams Brothers, que le hicieron los coros en «Swinging on a star», de la película del 44 «Siguiendo mi camino», y de cuyas filas saldría luego otro gran solista en su mismo estilo: Andy Williams. Como anécdota curiosa se puede señalar que, muchos años más tarde, Williams necesitó un grupo vocal y dio la alternativa a los Osmonds Brothers, de los que también saldrían importantes solistas. Pero no fueron sólo los hermanos Williams o Gracia Patricia de Mónaco. Bing Crosby ha grabado con las Andrews Sisters, con las que logró excelentes clasificaciones, y ha hecho dúos con Louis Armstrong, Frank Sinatra, Jane Wyman, su primera esposa Dixie Lee y Rosemary Clooney.

Los premios y homenajes se sucedieron en su carrera y su vida familiar fue tranquila y sin sobresaltos. Cuando enviudó de Dixie Lee se casó con la actriz Kathryn Grant y sus relaciones con sus hijos siempre fueron buenas. Con Gary, el mayor, llegó también a grabar algunos discos a dúo, lo mismo que con su hermano menor, el director de orquesta Bob Crosby, diez años menor que Bing, con el que compartió algunas grabaciones cuando Bob empezaba y necesitaba el apoyo de su ya muy famoso hermano. Retirado de la música y el espectáculo, durante unas vacaciones, un ataque al corazón acabó con su vida mientras disfrutaba de una tranquila jornada de golf.




Las Andrews Sisters


Las Andrews Sisters, prototipo de grupo vocal femenino de la era swing, eran tres hermanas de Minneapolis capitaneadas por Patti, la menor, escoltada por LaVerne y Maxene. Empezaron formado parte de un circuito de espectáculos teatrales en el que eran parte de un show de medio centenar de artistas. Entonces no lograron destacar, pero sí aprender lo suficiente como para prepararse a labores más importantes. Cuando consideraron estar preparadas, se despidieron del show y empezaron a trabajar por su cuenta. Patti tenía tan sólo diecisiete años. Los comienzos no pudieron ser mejores. Al primer disco, del 37, siguio su numero uno ‘Bei mir bist du schon’ del 38 y a partir de ahi, la gloria. Se convirtieron en el mas grande grupo vocal femenino de su tiempo y se calcula que, a lo largo de sus años triunfales, vendieron mas de sesenta millones de discos, varios de ellos junto a Bing crosby. Quizas el mas recordado, tantos años despues, siga siendo su gran creacion ‘Ron And Coca-Cola’, que, para la epoca en la que se grabo, 1944, estaba considerado como una cancion sexy.

Al igual que Crosby, colaboraron en discos de otros muchos artistas y se hicieron populares sus duos con Danny Kaye, Carmen Miranda, el guitarrista Les Paul y Judy Garland. En el cine solian hacer comedias que iban bien a su imagen y a la de su música. ‘Agarrame ese fantasma’ de Abbott y Costello fue uno de sus exitos, al igual que ‘Road to Rio’ con Crosby y Bob Hope. A finales de los cincuenta iniciaron una retirada que nunca lo fue del todo. LaVerne, la mayor, murio en el 67, pero Patty siguio trabajando y en 1969 participo en la pelicula ‘The Phynx’, aunque mucho mas longeva resulto su hermana Maxene.. Los escenarios de Broadway la tuvieron durante las temporadas de 74 y 75 en un pappel en el show ‘Over Here’ y en el 85, despues de haber soportado un ataque cardiaco y algunas operaciones a corazon abierto, grabo su primer LP en solitario con el titulo de ‘Maxene’. Las notas de la portada estaban firmadas por la actriz y cantante Bete Midler, gran admiradora de las hermanas, que en su carrera habia recuperado algunos de los viejos exitos de las Andrews.





Nelson y Jeanette

Nelson Eddy y Jeanette McDonald no sólo compartieron estrellato en el cine musical de los años treinta y cuarenta, sino biografías paralelas. Ambos nacieron en 1901, con once días de separación entre ambos, y murieron con dos años de diferencia: Jeanette en el 65 y Nelson en el 67. Jeanette empezó a trabajar como corista en espectáculos de Broadway, allá por 1920, cuando el cine sonoro era todavía una entelequia. Para el año 26 ya había salido del coro y hacía papeles secundarios y en 1927 ya hacía sus primeras apariciones como protagonista, interpretaciones que la llevaron inmediatamente a Hollywood, donde la aparición del sonido estaba reclamando nuevos rostros y, sobre todo, nuevas voces.

En Hollywood le buscaron pareja y del 29 al 34 compartió estrellato con Maurice Chevalier, esa ayuda francesa que necesitaba el cine musical. Mientras tanto, Nelson Eddy vivía también su particular escalada. Nelson quería ser cantante de ópera y aprendió sin maestros, a base de escuchar discos. Cuando pudo pagarse unas lecciones de canto empezó a progresar y logró debutar con un pequeño papel en la Opera de Nueva York en 1924. Sin embargo, el destino le llamaba por otros caminos y el único trabajo estable que encontró fue como cantante en una emisora de radio.

Louis B. Mayer, de la productora Metro Goldwyn Mayer, le contrató en 1930 para incorporarle a su equipo de cantantes con destino al cine sonoro. Y entre el 30 y el 34, mientras Jeanette ya protagonizaba sus películas, él hacía pequeños papeles en producciones todavía menores. Fue Víctor Herbert el que les unió, en el año 1935, como protagonistas de una película, titulada «La traviesa Marietta». La mezcla resultó ser una combinación explosiva y ambos se convirtieron en estrellas de la noche a la mañana. Y cuando al año siguiente cantaron para el cine la opereta «Rose-Marie», la confirmación fue definitiva: fueron la pareja de cantantes-actores más importantes de su época.

Fue entonces cuando, agotada su colaboración, cada uno empezó a trabajar por su cuenta, ya con inferior fortuna. Protagonizaron películas con otras parejas, pero se había perdido la magia que provocaban juntos y ambos acabaron actuando por teatros y encabezando shows radiofónicos con desigual fortuna. Terminada la II Guerra Mundial su época había pasado y se resignaron a convertirse en «viejas glorias» antes de cumplir los cincuenta.






La Voz


Y el responsable máximo de ese cambio que se adivinaba en los últimos cuarenta y tuvo su confirmación en los cincuenta, fue Francis Albert Sinatra, nativo de Hoboken, en el estado de New Jersey pero a un tiro de piedra de Nueva York. Hijo del jefe de bomberos de la ciudad y de origen italiano, explotó desde muy joven su principal habilidad: el canto. Aunque se habla de Billie Holiday como de su primera influencia, su carrera estaba marcada tras la senda de Bing Crosby, al que prometió superar algún día. Y aunque empezó a cantar de forma profesional en el seno de big bands de swing, se le puede considerar como el primer cantante pop, distante ya de los postulados estilísticos del jazz.

A los dieciséis años ya sabía que quería ser cantante y dejó los estudios para ganar algunos dólares cantando en bodas, bautizos y banquetes, siguiendo la costumbre de la comunidad italoamericana en que había nacido y vivía. A los veinte años, o sea en 1935, pues había nacido en el 15, forma un cuarteto con tres amigos y se presentan a un famoso concurso radiofónico de la época, el «Major Bowes Amateur Hour», que ganan con el nombre de Hoboken Four. El propio Bowes les contrata para su show y allí deben cantar con las caras tiznadas de negro al estilo de los minstrels. Desanimado por esa carrera que tan sólo le llevaba al anonimato, aceptó un puesto de camarero en un parador de carretera, «The Rustic Cabin», en Englewood, también en el estado de New Jersey. Allí alternaba el trabajo de servir mesas con algunas canciones en una pequeña tarima al fondo del local y así se mantuvo entre el 37 y el 39, año en el que se casó con Nancy Barbatto, su novia desde tiempos del colegio. Frank seguía buscando su oportunidad y cantaba esporádicamente, y de forma gratuita, en los programas de radio de la zona.

Precisamente cantando en uno de estos programas, titulado «Dance parade», le escuchó Harry James, que acababa de separarse del grupo de Benny Goodman y buscaba músicos para formar su banda. Dicen que tenía ya formada la orquesta, pero que, enfadado por la informalidad de sus músicos, les había echado y necesitaba refuerzos urgentemente. Uno de los refuerzos fue Sinatra, al que exigieron buscarse un nuevo nombre artístico. Pero Frank tenía ya la experiencia de cantar ocultando su cara tras el tinte negro y no quería seguir siendo un desconocido, por lo que se plantó: seguiría llamándose Frank Sinatra. Se salió con la suya y, ya con Harry James, hizo sus primeras grabaciones. El primer tema se tituló «All or nothing at all», que, lanzado con el nombre de la orquesta en julio del 39, vendió ocho mil copias. Cuatro años después, la misma grabación encabezada por el nombre de Frank Sinatra vendía más de un millón de copias. ¿Qué había pasado entre tanto? Que Frank se había ido a otra orquesta mejor, la de Tommy Dorsey, y había empezado a recoger los frutos de su estilo de cantar. El propio Sinatra reconoce que aprendió mucho del fraseo y de la técnica respiratoria de Tommy Dorsey, pero hay que reconocer que la primera crítica que recibió Sinatra de un medio de difusión, la evista «Metronome», destacaba ya su «fácil fraseo», y eso era en la etapa de Harry James.

El paso de la orquesta de James a la de Dorsey no fue traumático, ya que Harry se dio cuenta de que Sinatra necesitaba mejor trampolín y le dejó marcharse antes de cumplir el contrato firmado entre ambos. Para Sinatra el cambio económico era positivo, pero el artístico era más problemático, pues Dorsey tenía un quinteto vocal, los Pied Pipers, en el que le integró y en el que estaba Jo Stafford, que luego triunfaría también como cantante solista. Con todo, a Frankie le bastó poco tiempo para destacar, seguramente gracias a los excelentes arreglos de Axel Stordahl, que se iría de la orquesta de Dorsey a la vez que Sinatra.

En 1941 se produce la revolución: en la encuesta anual de la revista «Downbeat», Sinatra se sitúa en primer lugar, desbancando al eterno número uno, Bing Crosby. Y aunque los éxitos se suceden durante su estancia en la banda de Dorsey, en el 42 recompra su propio contrato y se decide a instalarse por su cuenta, al estilo de Crosby. Dicen que la idea se la dio Bob Eberly, cantante de la orquesta de Jimmy Dorsey, que iba a hacer lo mismo, y Sinatra no quiso que nadie se le adelantase en la decisión. Por fin, convertido en Frank Sinatra a secas, llega la gran ocasión. Es contratado para cantar cuatro semanas, durante las navidades del 42, en el Paramount Theater de Nueva York, compartiendo cartel con el famosísimo Benny Goodman. Los cronistas de la época dicen que el manager de Sinatra estaba en la puerta del teatro invitando a las jovencitas con la condición de que empezaran a gritar histéricamente cuando apareciera un «nuevo cantante degalducho y con calcetines blancos». Y así sucedió, aunque la histeria colectiva superó cualquier posible manipulación. Los llenos fueron constantes y con esta actuación de diciembre del 42 nacería la primera muestra de fanatismo musical que daría origen a la palabra fan y que luego se prolongaría con Elvis Presley, Beatles y otros muchos ídolos.

Los medios de comunicación de aquella época empezaron a buscarle apodos y sobrenombres: «The sultan of swoon» («el sultán del desmayo»), «The voice that thrills millions» («la voz que estremece a millones») o simplemente «The Voice», que es el que ha sobrevivido a los años. La fuerza del Frank Sinatra juvenil era explicada por él mismo quitándose mérito. Eran los duros años de la Segunda Guerra Mundial y, según las propias palabras de Frank, «había una gran soledad. Yo era el chico que estaba allí, en la esquina, el que podía sustituir a esos chicos, novios y maridos, que estaban al otro lado del mar, lejos de sus familias». Y efectivamente, cuando volvió al Paramount el 12 de octubre del 44, veinticinco mil jóvenes bloquearon las calles adyacentes en lo que la policía definió como «los disturbios del día de Colón».


Los años duros

 
Fue en esos años cuando Sinatra, que no había sido movilizado para la guerra, grabó «Nancy (con la cara sonriente)», dedicada a su recién nacida hija y convertida en un símbolo para los que estaban en las trincheras separados de sus hijos pequeños. En aquella «Nancy», que veinte años después triunfaría con «Estas botas son para caminar», cada uno veía a su propia familia. De esta forma, Sinatra era el colega para los soldados y el hombre soñado para las mujeres que les esperaban en casa. Abandonando a Dorsey, al que Sinatra arrebató también a su arreglista Stordahl, «La Voz» firmó por la CBS, con la que estuvo entre 1943 y 1952, tiempo en el que colocó ochenta y seis canciones en las listas.

No fue una época fácil, porque se produjo una larga huelga de músicos y Sinatra tuvo que realizar algunas grabaciones tan sólo con acompañamiento vocal. Ya se sabe que algunos achacan el auge del sonido doowop, unos años más tarde, a estos años de huelga de músicos. Su primer disco tras la huelga fue «Saturday night is the loneliest night of the week», que significó un nuevo éxito. No obstante, se acababa la guerra y con la desmovilización y el regreso de los hombres a casa aquella imagen del Sinatra como sustituto empezaba a desaparecer. La segunda mitad de los cuarenta mostró a un Sinatra buen actor de comedia e infalible en los musicales. Fue cuando rodó «Un día en Nueva York» o «Levando anclas», pero también «The house I live in», un cortometraje que defendía la solidaridad y atacaba prejuicios raciales y religiosos.

Aquella película, dirigida por Mervyn LeRoy, le valió un Óscar especial y el ser tachado de comunista por la extrema derecha de su país, que se enfrentaba a la guerra fria. No faltaron tampoco comentarios que le ligaban a la Mafia, acusación de la que nunca ha podido librarse. En 1950 se separaba de Nancy y empezaba un tumultuoso y atormentado romance con Ava Gardner que desembocó en boda. Las desavenencias, celos, rupturas y reconciliaciones de la pareja fueron pasto de la prensa del corazón durante una década y fueron también fuente de problemas para Sinatra, que fue arruinando poco a poco su carrera. En 1952 Sinatra estaba hundido. Nadie le quería dar un papel en el cine y la CBS no le quiso renovar contrato, porque las ventas habían bajado a mínimos. Las cascadas de violines con que le arropaba Axel Stordahl no iban con los nuevos gustos, que exigían una música más vigorosa, pues el rock and roll estaba empezando a dibujarse en el horizonte.

Fue entonces cuando Sinatra realizó dos jugadas maestras: aceptar, por no decir exigir, un papel secundario en «De aquí a la eternidad» por un sueldo ridículo. Y firmar con Capitol Records, un sello nuevo y atrevido que fue el único que quiso arriesgar en él. Las dos operaciones resultaron ser sendos aciertos. El papel de Maggio en la película le valió el Óscar al mejor actor secundario y el reinicio de una carrera en el cine cuajada de grandes triunfos en los años posteriores. El contrato con la Capitol le puso en contacto con una nueva orquesta y un nuevo arreglista, Nelson Riddle, capaz de convertir el viejo swing de las bandas de los treinta en un poderoso respaldo apto para el empuje y el lucimiento del cantante. Fueron años gloriosos que se prolongaron hasta el 61. De aquella etapa se recuerdan, además de trece álbumes en los cinco primeros puestos de las listas, temas como «I’ve got under my skin», de Cole Porter, «Fly me to the moon» y el álbum «In the wee small hours», el primero concebido como un todo en la música pop y que coincide con su separación de Ava Gardner. Todas ellas son dolientes canciones de amor, magistralmente interpretadas.

Las películas de la serie del detective Tony Rome, las comedias compartidas con sus compañeros del «clan», Sammy Davis Jr. y Dean Martin entre ellos, y algunos dramas como «El hombre del brazo de oro» sobre el mundo de las drogas, le fueron confirmando como un actor muy taquillero que casi nunca se equivocaba a la hora de elegir argumentos y director. Y en el 62 daba un nuevo paso en su carrera musical, esta vez porque quería controlar su propio trabajo. Crea una compañía de discos que llama Repose y que va a ser distribuida mundialmente por la WEA, produciéndole la astronómica cantidad de más de cuarenta álbumes en listas a lo largo de las dos siguientes décadas, además de permitirle descubrir y lanzar artistas de otras líneas y brindar un seguro refugio a sus amigos del «clan».

Los discos de esta nueva etapa no siguen otra línea que la calidad. Es entonces cuando se permite lujos como grabar un álbum con la orquesta de Count Basie y otro con Duke Ellington. Compartir cartel con Antonio Carlos Jobim, dedicar un disco completo al cantautor Rod McKuen, grabar un dúo con su hija Nancy (aquel «Something stupid» que sería uno de sus grandes éxitos) y descubrir canciones, como «Strangers in the night», capaces de llevarle al número uno pasada la cincuentena, cuando el mundo parece embobado por ídolos juveniles de Liverpool y California y está embarcado en la revolución juvenil que aflorará en mayo del 68.

Por otra parte, Frank Sinatra seguirá demostrando su habilidad para sortear dificultades y superar crisis. En efecto, cuando nació el nuevo género musical del rock and roll, lo definió públicamente como «basura» y se atrevió a tildar a sus practicantes de «degenerados». Y, sin embargo, llevó a su show de televisión a Elvis Presley cuando regresó del servicio militar en el 60. En 1966 se casó, por tercera vez, con la actriz Mia Farrow, pero la boda fue un fracaso por las diferencias de edad y carácter de ambos. Diez años más tarde, en 1976, contrajo su cuarto matrimonio con Barbara Marx, viuda de Zeppo, uno de los inolvidables hermanos Marx.


La generación italiana




 


Muchos de los grandes crooners de esa etapa en que el jazz y la música pop empezaron a distanciarse tenían en común con Frank Sinatra su origen italiano. Casi todos eran más jóvenes que él, con la excepción de Perry Como, nacido tres años antes, en Pensilvania, con el nombre de Pierino Como. Empezó en el 33, a los veintiún años de edad, con la banda de Freddy Carlone, de la que pasó a la de Ted Weems, donde estuvo hasta el 42. En vista del éxito logrado por Sinatra al independizarse, siguió el ejemplo unos meses más tarde y a partir del 43 empezó a grabar como solista. Entre el 40 y el 55 fue el segundo artista americano en número de éxitos en listas, superado tan sólo por Bing Crosby.

Adaptando al mundo pop algunos temas clásicos, fundamentalmente de Chopin, y cantando creaciones propias o repitiendo las ajenas, algo consustancial al espíritu del crooner (recopilador de éxitos de toda procedencia), fue sumando éxitos hasta la llegada del fatídico, para su generación, rock and roll, que desplazó los gustos del público hacia otras formas y otras generaciones. Ahora bien, cuando dejó de vender discos en grandes cantidades, se convirtió en estrella de la TV y dirigió su propio show semanal del 55 al 63, es decir, desde el triunfo del rock and roll a la llegada de los Beatles. De él se puede decir que es paso intermedio entre los Crosby y Sinatra y los Andy Williams, Johnny Mathis y Val Doonican y sin él quizás se hubiera agotado antes la figura del vocalista clásico. En los setenta llevó al triunfo, en versión inglesa, el tema «Eres tú» del conjunto español Mocedades.





Otro italoamericano cargado de prestigio, pues de él dijo Frank Sinatra que era el mejor cantante de América, fue Anthony Dominick Benedetto, que en el mundo de la canción simplificó su nombre por el de Tony Bennet. Nació en Nueva York en el 26 y es, pues, once años más joven que Frank. Hijo de un tendero, aunque cantaba desde la infancia, no debutó oficialmente hasta cumplido el servicio militar y fue descubierto en el 50 por Bob Hope, que le bautizó como Joe Bari. Al año siguiente firmó con la CBS, que le devolvió su nombre y le hizo grabar una serie de excelentes baladas con mejor acogida de la crítica que del público. Hasta que grabó, en el 51, «Because of you» y logró su primer gran triunfo, premiado con el número uno de las listas. Fue el creador de «Stranger in paradise», basada en las danzas polovtsianas que había escrito Borodin para su «Príncipe Igor», y que se había adaptado con destino a la película «Kismet». Pero la canción que mejor le identifica, y que se convirtió en himno oficioso de la ciudad de San Francisco con motivo de la celebración de su segundo centenario, es «I left my heart in San Francisco», que grabó en 1962. Lo que quizás mucha gente ignore, oculto bajo el brillo de su faceta musical, es que Tony Bennet es, también, un estimable pintor, actividad para la que usa su nombre real, y que después de darse a conocer como tal en Chicago, en el 77, ha expuesto su obra en París, Londres, Nueva York y Los Angeles.





Tras el nombre de Vito Rocco Farinola es difícil reconocer a otro de los crooners de la etapa de transición que usó el nombre artístico de Vic Damone. Neoyorquino, nacido en el 28, después de trabajar como acomodador en el Paramount Theater de Nueva York, sede de algunos de los mejores conciertos de la historia de la música popular, ganó un concurso de promesas musicales y se lanzó a la carrera musical antes de cumplir los veinte años. En el 47 tenía un programa de radio en la CBS y un contrato discográfico en la Mercury. Y en un par de años había triunfado plenamente en ambas facetas, lo que le llevó a debutar en el cine, junto a Jane Powell en «Rich, young and pretty». Aunque no dejó nunca de cantar, es otro de los damnificados por la llegada del rock, que empezó a marcar su decadencia aunque en el recuerdo haya dejado éxitos como «La calle en que vives», de «My fair lady», y «Deep in my heart». Se retiró a finales de los sesenta para dedicarse a negocios inmobiliarios y a cuidar la carrera de su esposa, la actriz y cantante Diahann Carroll. Tuvo un inesperado resurgimiento en Inglaterra, a comienzos de los ochenta, que le obligó a volver a los escenarios a la vez que varios de sus discos se reeditaban con excelente acogida entre el público británico.





El marido infiel
 


Eddie Fisher llevaba también una prometedora carrera en el mundo de la música, pero un desafortunado divorcio le sumió en tal impopularidad que nunca volvió a ser el mismo. Nació en el 28 y se mostró desde sus inicios como un gran cantante que dominaba una hermosa voz, capaz de tocar todos los estilos que funcionaban en su tiempo. Estuvo brevemente en las big bands de Buddy Morrow y Charlie Ventura hasta que le oyó Eddie Cantor y le invitó a unirse, como fijo, a su show radiofónico. Era 1949 y fue un éxito instantáneo, que pronto se reflejó en una larga sucesión de buenas clasificaciones en las listas. Su versión cantada del éxito instrumental alemán «Oh, mein papa» fue su primer número uno con el título de «I’m walking behind you». Su boda con la estrella juvenil americana Debbie Reynolds fue muy bien acogida por las comadres americanas, que les veían como la pareja perfecta. Eran muy amigos del productor cinematográfico Mike Todd y su esposa Liz Taylor. Cuando Mike se mató en un accidente de aviación, Eddie abandonó a Debbie para convertirse en el nuevo marido de Liz Taylor. El público no le perdonó y las listas de éxitos reflejaron ese rechazo. Cuando se separó de Liz se casó con Connie Stevens, pero para entonces su carrera estaba arruinada y aunque de cuando en cuando logró algún éxito mediano, no volvió a ser la figura que había sido.


Los amigos del clan





 

Dean Martin es uno de los amigos más íntimos de Sinatra, con quien comparte su origen italiano. Se llama Dino Crocetti y nació en el 17. Si todo el mundo le conoce como cantante, actor o presentador de un show televisivo, muchos menos saben que antes había sido minero y boxeador. Se dio a conocer como cantante, pero antes de lograr la menor fama como tal se encontró haciendo pareja con Jerry Lewis y protagonizando tres películas al año, a cuál más disparatada, lo que le tuvo muy ocupado entre 1949 y 1956, año en que se disolvió la pareja. En aquel momento pareció que su suerte cambiaba. Jerry Lewis siguió triunfando como humorista y Dean parecía desorientado, sin encontrar un tipo de cine a su medida y sin haber podido demostrar todas sus posibilidades como cantante. Hasta que se reencontró a sí mismo y regresó al cine en nuevas facetas, que van desde el «Río Bravo» junto a John Wayne a toda la serie del detective Matt Helm. Como cantante encontró su línea con baladas suaves cantadas con mucho encanto y no necesariamente mucha voz. Entre ellas estuvieron «Sway» y sobre todo «Memories are made of this», su gran éxito con la Capitol.

De allí pasó a la Reprise que había fundando su amigo Frankie, donde no parecían capaces de encontrar su estilo. Si repetía la fórmula que le había funcionado en los cincuenta, aquello sonaba a viejo. Hasta que se tropezaron con un tema escrito por el propio pianista de Dean, que ya habían grabado otros cantantes sin demasiada fortuna. Sin embargo, a Dean le gustó y allí nació «Everybody loves somebody», su gran éxito de esa nueva etapa en la que el cine le ha ido dando muchas más satisfacciones que la música. Su hijo Dino llegó a formar un grupo juvenil compartiendo el estrellato con Desi, hijo de Desi Arnaz y Lucille Ball.





Sammy Davis Jr., fallecido en 1990 a los 65 años de edad, era un excelente cantante, actor y bailarín. Sin embargo, como él mismo decía, con el clásico humor que le caracterizaba, tenía la desgracia de ser a la vez negro, tuerto, feo y judío. Tuvo la suerte de compartir escenario, cuando él formaba parte de un trío, con Sinatra y allí nació una gran amistad que le llevó a formar parte del famoso «clan» y a participar en numerosos shows, programas de TV y películas con Frank, Dean Martin y el resto de la pandilla. Aunque sus discos son buenos y con «The candy man» llegó a tener un número uno en singles, su auténtica dimensión la daba sobre el escenario, donde cantaba, bailaba, hacía imitaciones y dotaba de todo su significado ese término con el que los profesionales del show bussiness americano definen a sus estrellas: un entretenedor.